Mis momentos de la Eurocopa: Schuster, la eurocopa del ángel rubio

La edición de la Eurocopa de 1980 celebrada en Italia estuvo presidida por el aburrimiento, todos los analistas coinciden en señalar que ha sido una de las peores ediciones de la historia. Como en el Mundial de 1990 también dominado por la mediocridad el país transalpino parece empapar con su espítu futbolístico ponzoñoso y rácano todo evento que organiza. Cuando el talento abandona el campeonato dejándolo en un erial, dos suelen ser los convidados al banquete que se llevan la mayor tajada. La Italia de Tardelli y un joven Baresi en esta ocasión sería frenada por Bélgica y se reservaría la gloria para dos años más tarde en el mundial de España.


Sin duda que a
Un nombre destaca por encima de todos en la selección portuguesa. Se trata, evidentemente, de Cristiano Ronaldo. El madeirense llega a la Eurocopa en un momento excepcional de forma, abanderado gracias a su excelente campaña como el mejor jugador del mundo en estos momentos. El título de Champions representa el penúltimo de los retos de la temporada para un jugador cuya hambre de títulos no tiene fin. Bajo el ya indiscutible liderazgo del espigado atacante, tras el ocaso de la llamada «generación de oro» de jugadores como Figo, Pauleta, Rui Costa o João Pinto, Portugal presenta de nuevo su candidatura al título europeo.