RCD Mallorca: Manzano dio sus frutos
Una temporada más, y ya van dos consecutivas, el Real Mallorca se encomendó a Gregorio Manzano para seguir subiendo peldaños en su particular escalada. Llueva o nieve, haga sol o truene, si alguien parece tener una plaza fija en el conjunto bermellón es su técnico, que siempre ha dado lo mejor de sí en tierras baleares. Y es que el jerezano fue renovado justo después de ser apeado de la Copa, lo que evidencia la fe de la directiva en sus posibilidades. Y así fue. El Mallorca, a pesar de no desplegar un fútbol vistoso, se valió con la efectividad para, sin hacer apenas ruido, auparse hasta la séptima plaza y optar a puestos europeos hasta la última jornada. Finalmente, y pese a la gran plantilla formada (Moyà, Arango, Güiza, Jonás, Fernando Navarro, Ibagaza..) el sueño se desvaneció en el último suspiro y parece que, de nuevo, una nueva etapa arrancará el próximo curso en Mallorca. Sin el 80% de sus hombres clave, Manzano deberá hacer virguerías para repetir éxitos.

Descartado por el Ajax de Ámsterdam cuando empezaba a dar patadas al balón, Roy Makaay fichó por el Vitesse Arnhem, un conjunto, el holandés, que le serviría de trampolín para recalar en la Liga de las Estrellas. Su carrera siempre fue de menos a más y así, tras destacar en un Tenerife que no pudo evitar el descenso, el Deportivo se hizo con sus servicios. Makaay se convirtió en un ariete total, imprescindible para todos sus técnicos y Pichichi en su último año en Riazor, donde perforó hasta en 29 ocasiones las porterías rivales y acabó proclamándose Bota de Oro. Luego llegaría el Bayern de Múnich, en donde su instinto asesino dentro del área duró tres temporadas, en las que no dejó hacer lo que más sabe: marcar goles. La campaña pasada, ya superada la treintena, regresó a la Eredivisie para enrolarse en las filas del Feyenoord, en lo que vendría siendo el principio del final de su carrera. Aun así, sumó la nada despreciable cifra de 16 dianas en 29 partidos.
Tenía ganas de escribir estas líneas y dedicárselas a un futbolista que la pasada temporada hizo que pusiera la cremallera en mi boca y presenciase su eclosión como crack mundial. Y es que Fernando Torres fue hasta hace unos meses un jugador, a mi entender, exageradamente sobrevalorado. La prensa madrileña lo idolatró desde que era un renacuajo, desde que en plena adolescencia se enfundó la elástica del Atlético de Madrid. Y a mí siempre me pareció que esas palabras desmesuradas tendrían sentido cuando, al fin, lograse algo importante con los colchoneros o, como sucedió, probase fortuna en una liga de tanto nivel como la Premier League y lo hiciera con éxito. Con la Selección tampoco se compenetraba a la perfección.
