Yo confieso

Yo confieso. Confieso que ni en mis mejores sueños veía a España en la final de Viena. Confieso que nunca pensé que esta selección iba a llegar hasta el último tramo. Confieso que no tenía fe cuando hace unos meses la veía jugar sin sello propio, con conceptos confundidos, con victorias agónicas ante conjuntos de paupérrimo nivel. Ésa es la realidad. Mis diferencias con Luis Aragonés no estribaban en el absurdo debate Raúl sí Raúl no. Simplemente, no veía que la selección jugara como un equipo, a pesar de que era innegable que en el grupo se percibía una enorme armonía y que el apoyo del vestuario hacia el entrenador era total.
Pero el tiempo da y quita razones. Y Luis Aragonés ahora camina sacando pecho, con todas las de la ley. Parece que España se guardó todo su fútbol para esta Eurocopa. Las dudas se han convertido en dogmas. La defensa, ésa que creaba incertidumbre con un Marchena fallón y un Puyol que en el Barça no había rendido a su habitual nivel, es una roca, una muralla imposible de tirar. En la medular, por mucho que algunos dijéramos que ir sin extremos era una locura, el toque se impone a cualquier cosa, ya esté delante Arshavin o De Rossi. Y la delantera funciona como esperábamos. Así se ha llegado a la final, con un equipo que juega de memoria, solidario atrás con un Senna gigantesco y exquisito en la zona de creación con Xavi, Cesc, Silva e Iniesta meciendo el cuero, hacedores todos de un encantador juego preciosista con marchamo de gol.
Lo del segundo tiempo de ayer fue memorable, épico. España bordó el Nirvana futbolístico, nos deleitó con el trato suave al balón, con ese estilo propio que tanto reclamábamos los escépticos. Sí señor, Luis Aragonés ha callado bocas, la mía en muchos aspectos por ejemplo. Al de Hortaleza le sale todo. Cuando ayer hizo el doble cambio de Güiza y Xabi Alonso muchos nos llevamos las manos a la cabeza. Parecía extremadamente osado agotar los cambios con 1-0 en el marcador y media hora por delante. Pero Aragonés vive en un estado de lucidez mental asombroso y parece que no cesa de dar con la tecla. Gracias a su decisión España ganó en contundencia en la divisoria y se acabó merendando a los rusos, que en la segunda parte ni siquiera dijeron presente.
Ahora llega Alemania. Es una locura entrar a predecir lo que ocurrirá o no. Sin embargo, me doy por satisfecho por ver a la selección dar lecciones de juego, por asombrar con su estilo aparentemente previsible pero igualmente infalible. Confieso que amo los extremos y las bandas, que no entiendo este deporte sin dos buenos puñales en los costados… Por eso no tengo más que rendirme a este equipo que nos ha demostrado que a base de toques y toques por el centro también se puede llegar a la victoria. Es inevitable que los aficionados a la selección tengamos que quitarnos el sombrero con Luis Aragonés. Por fin sabemos a qué jugamos y lo hacemos maravillosamente bien. Eternamente agradecido, señor Aragonés.
Original post by Juan Baeza
1 comentario
#1. Miguel Ángel Chico, hace 3 meses y 9 días
Sí señor, ¡una segunda parte soberbia! Queda por ver esta forma de jugar de España durará tiempo
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